
domingo, 5 de octubre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Artículo: Aclaraciones sobre la protección arqueológica del solar de la plaza Santo Domingo
Desde entonces, en el término municipal de Valencia de Don Juan constan como protegidos oficialmente 26 yacimientos arqueológicos (23 en Valencia de Don Juan y 3 en Cabañas). Por ello, cualquier constructor que desee intervenir en un solar integrado en uno de estos yacimientos arqueológicos, debe preguntar y ser informado de tal eventualidad por los técnicos municipales de urbanismo y por el propio concejal delegado del área, Mariano Fernández, igual que se le informará de las alturas que puede construir, del tipo de fachada que debe colocar o de otras exigencias normativas que afecten a la construcción que se pretenda erigir.
La Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León contempla que para cualquier actuación sobre yacimientos arqueológicos protegidos debe reunirse la Comisión de Patrimonio de la Delegación de la Junta, quien dictaminará la realización de unas catas arqueológicas o directamente el encargo a la empresa constructora del contrato de los servicios de un arqueólogo profesional para la realización de una excavación sistemática, siempre previa al inicio de cualquier obra.
Uno de estos yacimientos protegidos en el PGOU se denomina “Castro Coviacense” y engloba, para entendernos, todo lo que es el castillo, el Jardín de los Patos, el complejo de los Agustinos, y varias calles con sus correspondientes viviendas y solares, estando sus límites marcados por la avenida de Asturias, la calle de La Victoria, la plaza de Santa María y la calle de San Agustín, hasta el Cubarro.
Conocido era que, desde hace varios años, una constructora coyantina había adquirido el solar delimitado por las calles Pérez Galdós y Barrionuevo, haciendo frente con la plaza Santo Domingo y el edificio de los Agustinos. Solar que había sido cedido temporalmente como aparcamiento público pero que, tarde o temprano, sería edificado, puesto que el Ayuntamiento no puso interés en adquirirlo, como hubiese sido lo lógico por su utilidad pública en pleno centro de la localidad.
A principios de este año la constructora solicitó las licencias de construcción y tanto el Ayuntamiento como la Junta de Castilla y León se las otorgaron sin poner más requisitos que ciertos elementos estéticos de la fachada. Se saltaron la propia norma que ellos mismos habían aprobado: autorizaron la destrucción del yacimiento.
Ante el inminente inicio de las obras, pero con anterioridad a ellas (1 de julio), me vi en la obligación de solicitar la preservación del yacimiento arqueológico ante la propia Junta de Castilla y León. Mi obligación era doble: la primera como profesional historiador (aunque ningún beneficio económico obtengo de ello y sí perjuicios personales por enemistades) y la segunda como coyantino, amante y defensor de todo lo que tenga que ver con nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural.
No recibí respuesta alguna a mi escrito y, sorprendentemente, las obras dieron inicio el 8 de julio, comenzando la destrucción de los estratos superficiales del yacimiento. ¿Qué hacer? Mis experiencias pasadas demostraban lo fallido que era continuar por la vía administrativa, así que lo que hice, sencillamente, fue un llamamiento a los medios de comunicación. Nada más efectivo. Cuando las radios y los diarios difundieron la ilegalidad que se estaba cometiendo y el atentado contra nuestro patrimonio, la Junta y el Ayuntamiento tuvieron que dar marcha atrás, paralizaron la obra y exigieron la realización de las excavaciones.
¿Por qué es importante dicho solar? Por múltiples razones. El propio nombre de la plaza donde se encuentra (y como se quiere bautizar al edificio), Santo Domingo, indica que junto a allí se encontraba el antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán, edificio que donara el infante Juan de Castilla a los Dominicos a comienzos del siglo XIV. Pero nos podemos retrotraer mucho más atrás para conocer los distintos asentamientos que hubo sobre dicho lugar.
En 1206 se documenta una mota en Valencia. Una mota consistía, grosso modo, en un recinto fortificado (empalizada) en cuyo centro se situaba una torre vigía. La población y fortificación de Coyanza había sido ordenada por el rey Fernando II a mediados del siglo XII. Por las características del yacimiento, el centro del mismo se sitúa justo en este solar, y cabe la posibilidad que la torre de dicha mota se situase aquí. La elevación de la zona podría ser un indicio de ello.
En frente se situaba la desaparecida parroquia de Santa María, la principal iglesia de la localidad, la más rica, la más importante. Bajo sus soportales se reunía el concejo coyantino, ayuntado al tañido de las campanas, antes de que existiesen las casas consistoriales. Documentada desde el siglo X, es posible que, por su situación dentro de la muralla, esta iglesia fuese el lugar que albergase el Concilio de Coyanza en el año 1055. Todo eso sucedió a tan sólo unos metros de este solar.
Seguimos hacia atrás y encontramos asedios e invasiones, las razias árabes (Almanzor, ca. 988) y antes por los godos ante los cuales el Castrum Coviacense, que da nombre al yacimiento arqueológico, resiste en el año 457. En aquel momento estamos a caballo entre la romanización tardía y la época visigoda, pero es segura la ocupación en los periodos romano, segunda Edad del Hierro, primera Edad del Hierro y la Edad del Bronce Final, lo que nos podría llevar hasta el año 1200 antes de Cristo.
Estamos pues ante el lugar arqueológicamente más importante de Valencia de Don Juan, el mismo origen de nuestra ciudad. Si hay una zona donde podemos recuperar testimonios de nuestro pasado, este es el sitio. Nuestro Ayuntamiento debería haber sido el primer interesado en el estudio este solar, habiendo prevenido de antemano al constructor para que, de común acuerdo, se realizasen las obligatorias excavaciones arqueológicas en años anteriores.
Lamento que no haya sido así. Lamento que, nuevamente, a nuestros responsables municipales no les haya interesado lo más mínimo nuestro pasado (esta vez incluso pretendiendo saltarse sus propias normativas). Lamento los perjuicios económicos para la constructora, pero ésta tiene el deber de conocer el PGOU o exigir que las autoridades le advirtieran de este factor.
Quiero dejar claro que nada me mueve contra la constructora, y la prueba más evidente es que cuando denuncié la destrucción del yacimiento de “La Muela” la implicada era otra empresa, foránea en aquel caso. Sin embargo, considero que por encima de los intereses particulares debe prevalecer el interés general: los coyantinos tenemos derecho a conocer nuestro pasado, a rescatar y estudiar los objetos que utilizaron nuestros antepasados y, sobre todo, tenemos el deber de evitar la destrucción de nuestros yacimientos arqueológicos pues su pérdida sería irreversible.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Fiesta de la patrona, la Virgen del Castillo Viejo
En primer lugar vamos a hablar de la imagen, pues se trata de una magnífica talla gótica sobre piedra, salida del taller escultórico de la catedral de León en el siglo XIII, casi con toda seguridad.
Por ello, bien puede decirse que es una gemela de la Virgen Blanca de León, si bien la de Valencia de Don Juan, al haberse conservado al interior durante ocho siglos, conserva la policromía original, algo que ha perdido la imagen leonesa al estar a la intemperie.Su peso es, nada más y nada menos, 580 Kg. Ello se debe a que casi la totalidad de la imagen, de 2,10 metros de altura, está realizada en piedra caliza. Sólo las manos derechas de la Virgen y del Niño Jesús son de madera. Fue parcialmente restaurada en 1996 por Luis de Huescar, aunque sólo se pudo recuperar parcialmente la policromía original por falta de presupuesto.
El voto o foro del cirio

Hoy la disputa del cirio ha incorporado ciertas variantes. La tradición había caído en desuso y se recuperó en el año 1939, imbuido en un clima postbélico de fervorosa recuperación de la religiosidad, propio de los primeros momentos del nacional-catolicismo.
Esto hizo que no se respetasen algunas costumbres de la fiesta, y que se añadiesen otras de manera un tanto aleatoria. El cambio más trascendente afectó a la fecha, que pasó del 12 de agosto al 8 de septiembre, con motivo de la fiesta patronal. También se incorporó la asistencia de la reina y damas de las fiestas, ataviadas con el "traje típico de la villa" inventado por entonces por parte de la Sección Femenina de Falange y que tanto éxito obtuvo en los desfiles de la victoria en León capital. Hoy sin embargo, los entendidos en indumentaria le restan valor histórico o etnográfico.
Más recientemente también se han hecho añadidos, esencialmente la participación activa de las peñas y asociaciones locales, que realizan una ofrenda floral a la Virgen. La restauración del pendón ha añadido vistosidad al acto, ya que significa uno de los momentos más emocionantes del acto al entrar en la propia iglesia y bailar en su interior ante la patrona.
Se trata por tanto de una costumbre emotiva para los coyantinos, afortunadamente recuperada pero que, como tal tradición, aunque deba aceptar innovaciones positivas (como la participación directa del pueblo por medio de las peñas y asociaciones) debería revisar algunos elementos incluidos hace décadas de manera arbitraria y que perjudican a su comprensión histórica.
Felices fiestas a todo
domingo, 3 de agosto de 2008
El matacán del castillo de Valencia de Don Juan
Matacán o ladronera. Llámenlo como quieran, lo cierto es que es/son uno de los elementos más interesantes del castillo de Valencia de Don Juan.martes, 8 de julio de 2008
El Castrum Coviacense
«Sólo el castrum Coviacense, a treinta millas de Astúrica, después de un agotador y largo combate contra los godos, resistió y venció con la ayuda de Dios. En este lugar fueron matados muchos godos y el resto regresaron a las Galias» (Chronicon, min., II, 30)
jueves, 22 de mayo de 2008
Artículo: El molino de «Las Puentes»
La vega media del Esla ha sido desde antiguo un molinar, aunque las variaciones del caudal del río fueron siempre un peligro para todo tipo de obras ingenieriles desarrolladas por el hombre. Puentes, presas, cauces, barcas, molinos o batanes se veían continuamente afectados por las fuertes avenidas, pero a pesar de ello no se dejó de reconstruir o reparar estos elementos para su aprovechamiento práctico al servicio de los habitantes de nuestra comarca. Otro gran problema eran los estiajes, que reducían al mínimo el curso de agua por el río e imposibilitaban el abastecimiento de los cauces artificiales.
Si de molinos movidos por las aguas del Esla hablamos, el más antiguamente documentado nos lleva nada menos que hasta el año 929 (Sáez 1987:82), sin precisar su ubicación concreta. En un estudio sobre el Canal del Esla –con motivo de su 150 aniversario– que realicé junto a Aurora Rodríguez Costilla entre otros, localizamos indicios no precisos de un “Cauce de los molinos de Valencia de Don Juan” que antes de 1465 mandara construir uno de los condes de Valencia de Don Juan. Aquel cauce se puede rastrear documentalmente hasta la actualidad, e incluso físicamente alguno de sus tramos.
Aunque parece que en origen el cauce tuvo su toma, presa o azud en término de Valencia de Don Juan –el llamado “Puerto Grande”– tras varias roturas de ésta se abasteció definitivamente del puerto de Benamariel, también llamado de Santa Marina o de Baeza. Al situarse la nueva toma de aguas en término de Villamañán, esta villa y la de Valencia de Don Juan firmaron un foro o concordia que ya en el Catastro de Ensenada se califica como “antigua”, por la cual Villamañán cedía sus aguas a los molinos de Valencia sin posibilidad de construir los suyos, a cambio de que la segunda le pagase anualmente cuarenta y cinco cargas y media de trigo. En 1508 Valencia de Don Juan hizo otra concordia, esta vez con Toral de los Guzmanes, para servicio de los molinos de ambos concejos.
Pero a pesar de las referencias anteriores, sin duda muestra de que máquinas de molienda existieron ya desde muy antiguo, el documento concreto que trata sobre unos molinos en la margen derecha del río Esla en el término de Valencia de Don Juan data de 1537, propiedad del duque de Nájera y conde de nuestra villa, que los tenía en arriendo. En 1683 los molinos los arrendaba ya el Concejo de Valencia de Don Juan. En 1753 existían dos casas de molinos con cinco ruedas cada una.
A mediados del siglo XIX los molinos eran propiedad de Gaspar Rodríguez Tejedor, quien pleitea con la Compañía Ibérica de Riegos –concesionaria del Canal del Esla– al verse privado de las aguas que movían sus artefactos y exigiendo la expropiación de los mismos. La compañía de capital inglés se niega a lo segundo, y argumenta que ha efectuado las obras necesarias –por valor de unas 6.000 pesetas– para practicar una compuerta en el canal que abastezca de aguas suficientes al cauce de los molinos de Valencia. Aunque la sentencia favoreció a los concesionarios del Canal del Esla, finalmente éstos acabarían por comprar el cauce molinar, convirtiéndolo en un desagüe principal del canal.
Sobre esta presa de los molinos de Valencia de Don Juan se dispusieron numerosos artefactos a lo largo de los siglos. Primero fueron pequeños edificios de una o dos piedras, que se sucedían a lo largo del cauce configurando un rosario de molinos. Cada uno de ellos represaba las aguas del cauce, y el siguiente molino debía situarse a distancia suficiente para recibir el agua del anterior, por ello se habla de “paradas de molinos”. Luego vendrían los grandes molinos de cinco piedras que cita el Catastro de Ensenada y finalmente el definitivo edificio conocido como “Molino de las Puentes”.
A pesar de nuestra búsqueda en los archivos –que continúa–, no hemos podido documentar exactamente la fecha de construcción de esta magnífica obra, si bien no debe ser muy posterior al nuevo Molino de Baeza, que se edifica en 1869 conjuntamente al primitivo Canal del Esla. El Molino de las Puentes se construye sobre una cimentación de piedra y pilares del mismo material, sobre la que se alzan los muros de ladrillo visto recercando cajones de canto rodado y argamasa. Tiene una planta de 15,8 x 9,1 metros y dos alturas con forjados de madera sobre un subterráneo reservado a los rodeznos, los cuales, movidos por el agua, trasmitían su energía por medio de ejes, poleas y correas que impulsaban toda la maquinaria.
Recuerdo de niño aquel viejo molino, donde cada año acudía con mis padres, abuelos, tíos y primos a “correr” la tortilla. Por aquel entonces, aunque ya abandonado a su suerte, las estancias de aquella mole fabril se conservaban perfectamente y se podía subir y deambular entre las viejas máquinas de limpia y cernido, levantar las tolvas y guardapolvos para descubrir las ruedas o piedras de moler, o asomarse a sus numerosos ventanales y respirar el frescor del atardecer oteando la extensa vega.
Pero un buen día el molino ardió, intencionada o accidentalmente, y desde entonces sólo se conservaron los fuertes muros de ladrillo y cantos cogidos con argamasa. Resquebrajada y progresivamente deteriorada, la fachada principal aguantó entera hasta diciembre de 2006 en que sufrió un gran derrumbe. ¿No lo debemos salvar?
Hoy el molino pertenece, como todo el viejo patrimonio que aún se conserva del decimonónico Canal del Esla, a la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD). Precisamente hace tan sólo unos días –catorce de marzo– el presidente de este organismo, Antonio Gato, recibía en Valladolid al alcalde de Valencia de Don Juan y al primer teniente, quienes le arrancaban una nueva inversión multimillonaria en el río Esla. Desconozco si nuestros representantes le hablaron al presidente de la CHD del viejo molino situado en nuestro término y protegido gracias a una alegación presentada por las Juventudes Socialistas a la reciente modificación del Plan General de Urbanismo de Valencia de Don Juan.
La CHD tiene inventariado su patrimonio, pero lo está dejando caer. En Coyanza hemos protegido este molino que hoy ya es ruina pero que aún puede salvarse. Si se intenta, puede hacerse. Se ha logrado dinero para el río, para un paseo, para unos lagos y hasta para un edificio-mirador. Mi ruego es que nuestras autoridades miren hacia la segunda curva de la carretera a San Millán. Allí les está esperando un edificio histórico, patrimonio de todos, que la CHD nos cedería gustosa.
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viernes, 11 de abril de 2008
El molino de «Las Puentes»

